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APLP: Noticias para Periodistas

 

Ecuador: Ley de comunicación: equívocos y omisiones
*Alberto Maldonado S. Para comenzar, no está en debate ni se discute una “ley de medios” sino una Ley de Comunicación La comunicación social está concebida constitucionalmente como un derecho universal, de todos; además, hay varias formas de comunicación. Una de ellas es la que se desarrolla a través de los medios de comunicación masiva. Pero lo medios, especialmente sipianos (de la SIP-CIA) se empeñan en “equivocarse” y pretenden que lo que se discute y aprueba en la Comisión Ocasional y que pasará a consideración del pleno de la Asamblea Nacional, es un proyecto de “Ley de Medios”. Con lo cual pretenden que es un intento de “ley mordaza” que solo está dedicado a ellos. Los medios son eso, MEDIOS, formas, maneras que la humanidad ha encontrado y las técnicas han desarrollado para permitir que unos emisores puedan enviar mensajes a unos perceptores, para hablar en términos del funcionalismo. Y los primeros teóricos de la comunicación, preocupados por el monopolio que podía desarrollarse (y que se ha desarrollado) se inventaron la llamada “comunicación de retorno” mediante “cartas a la redacción” o llamadas telefónicas a radios y estaciones de televisión. Pronto, los medios masivos encontraron la forma de “neutralizar” esta comunicación de retorno, que en la práctica es casi inexistente en los medios audiovisuales (sobre todo en la televisión) y que está muy controlado en los medios impresos (diarios) Otra disposición que debería constar en la ley es la necesidad de que todo medio comunicacional se identifique respecto de su dependencia patrimonial a determinado sector (político, económico, religioso, societario, etc.) y de sus auspiciantes publicitarios o propagandísticos Esto es sumamente importante a fin de que el perceptor (lector, escucha, vidente) pueda comprender con acierto las tendencias de una información, de una opinión o de un mensaje interpretativo, que difunde un medio. O lo que no difunde. Tomemos el caso de la hojita dominical que se reparte los domingos en una iglesia. Todos sus contenidos –se espera- estarán conformes con los puntos de vista y dogmas de la iglesia católica. Nadie podrá esperar un mensaje favorable al marxismo, al divorcio o cosas por el estilo. Pero los medios del sistema (periódicos, revistas, radios y estaciones de televisión) pretenden pasar “por imparciales” por “neutrales”, por “objetivos y veraces” cuando en realidad son el reflejo y la vanguardia del sistema imperante: el neoliberalismo. ¿Les da vergüenza confesarlo?; yo no creo ya que, por los contenidos de sus mensajes (editoriales, artículos de opinión, entrevistas, crónicas) se identifican como tales. Sería mucho más honesto que lo digan de frente, en cada edición (algunos lo hacen) De seguro, habrá medios sipianos que prefieran seguir calificándose de “independientes”. Para esos casos, la ley debe prever algunas responsabilidades. Ser amplios y suficientes, dar cabida a todos los sectores políticos, sociales, tener entre sus colaboradores permanentes a personas que opinen de distinta manera y que los respeten a ellos y a sus espacios. En esos y otros casos, quedaría muy bien la cláusula de conciencia, que la mayoría antisipiana de la Comisión ya lo ha aprobado. ¿Por qué razón no se prohíbe, por lo menos a los medios que se declaren “independientes, pluralistas” que tengan sus listas de censurados de quienes solo se acuerdan cuando hay alguna acusación en su contra o hayan cometido alguna indiscreción? ¿Por qué ellos si tienen derecho a censurar y marginar y protestan cuando desde las esferas oficiales se “les margina”, por ejemplo, del reparto publicitario? Los asambleistas de la Comisión y sus asesores comunicacionales no han dicho nada (o muy poco) respecto de la propaganda y publicidad. Si ya lo han hecho, me disculpo y les apoyo. Es que en la sociedad en que vivimos, la publicidad está jugando papel importantísimo. Y a través de ella, se mete lo que los abuelos decían “gato por liebre” Debo recordar que muchos países del primero, segundo, tercero y cuarto mundos, tienen reglamentaciones fuertes sobre este tema ya que se trata de amparar al público perceptor de un posible engaño. En otras partes es posible establecer demandas contra publicistas y medios por respetables sumas de dinero, como indemnizaciones En Ecuador, desde hace años se pretende controlar la publicidad de cigarrillos y licores, a pesar de que, algunos medios, especialmente pequeños, se remiendan con publicidad de este tipo. En cambio, no pocas competencias deportivas eran (están) auspiciadas por marcas de cigarrillos. En otros tiempos, los magros sueldos de los profesores fiscales se financiaban con la venta de aguardientes, que el Estado vendía a través de los estancos. Y como demostración del poder que ejerce una publicidad sobre los contenidos de un medio, siempre cuento “este cuento”: en la otrora famosa autopista de Yaguarcocha, (muy cerca de Ibarra) se realizaba una competencia automovilística que se denominaba “Las 24 horas Yaguarcocha” hasta que se convirtieron en “las 24 horas Malboro” ya que esta marca de cigarrillos “financiaba” la competencia. Un año, se produjo una tragedia (un bólido arrolló a unos aficionados; mató a unos e hirió a otros); y desde entonces, nuestros ágiles compañeritos deportivos, comenzaron a hablar de “la tragedia de Yaguarcocha”. De lo que he leído y oído, una de las objeciones sipianas al proyecto es el de que se pretenda crear un Consejo de la Comunicación (no de los medios) que administre o por lo menos le ponga en orden a este poder que, sin elecciones ni democracia, se cree de procedencia divina. La objeción es a que en este Consejo haya uno o dos vocales del Ejecutivo, como que el Ejecutivo en el Ecuador es extraterrestre y no tiene nada que ver con el sector que se quiere moderar. Al margen de las alegaciones y contra alegaciones que se han dado, yo pienso que si se le da esta atribución al hasta ahora inoficioso Consejo de Poder Ciudadano, sería lo pertinente. Ya le dieron la capacidad de pedirle, a los medios, cuentas, ¿por qué no darle las atribuciones que se prevén, a este sector? Desde luego, yo soy de la convicción que en materia comunicacional, este Consejo podría llegar máximo a sanciones administrativas (multas, en especial); jamás a clausuras de medios, ni temporales peor definitivas. Este tipo de sanciones solo deberían quedar en manos de los jueces correspondientes pero previo informe del Consejo o por situaciones de conmoción nacional. Me volvió el alma al cuerpo cuando leí que en el proyecto a discutirse consta el derecho que tenemos los periodistas profesionales (desde 1975 - Ley de Ejercicio Profesional del Periodista) a seguir preparándonos a nivel universitario para poder llamarnos tales. La Asamblea hará muy bien si aprueba esa disposición y recomienda que, a futuro, la Ley (que ya tiene 34 años de vieja) es acatada y cumplida por los medios; y, actualizada y fortalecida por la propia Asamblea Claro que hay quienes suponen o siguen creyendo que el periodista se forma por la libre, o por simple afición, o porque ejerce otra profesión y cree que puede ser periodista, sin más, igual que se formaron en pasados ya lejanos los abogados, los médicos, los ingenieros. Precisamente, por los años 60-70 periodistas activos (ninguno de los cuales se había formado como tales en universidades) lograron que una Dictadura pusiera el ejecútese a la referida Ley a pesar de la arremetida que los empresarios de los medios desataron contra el proyecto. La Ley entró en vigencia pero los empresarios mediáticos olímpicamente no la han acatado, lo que no quiere decir que, por ello, no tiene valor actual. Hoy más que nunca, la formación de los periodistas debe ser de nivel académico Y por algo será que el sector privado ha creado y crea, en universidades particulares, escuelas y facultades de comunicación También pienso que la Ley no debe trabarse en el problema del espectro radioeléctrico y las frecuencias de radio y televisión. Eso debe dejarse a una Ley de Radiodifusión y Televisión muy puntual y muy actualizada que recoja y legisle sobre una materia que en estos tiempos es muy importante en el mundo entero, especialmente con la aparición y el desarrollo de lo que popularmente se conoce como el Internet. Igual, la Asamblea debe actualizar esa ley y ponerla no solo en presente sino en futuro ya que abarca temas y problemas de una dimensión increíble. Y dejar que por ley se enrumbe la aspiración (muy legítima por cierto) de redistribuir el espectro radio eléctrico entre comunicación privada, pública y comunitaria. Lo procedente sería que el organismo correspondiente le siga los juicios civiles y penales a los que han comercializado y se han beneficiado de este recurso del Estado. Fuente: ALAI, 25.6.10 por Alberto Maldonado S. es Periodista – Ecuador ¿Existe la objetividad periodística? Ernesto Martinchuk * La función del periodista se basa, en principio, en la selección de acontecimientos que se consideren periodísticamente importantes. A partir de este punto se considera que la objetividad no sólo depende del objeto y del sujeto, sino también del proceso de producción del conocimiento. El periodista es el enlace del conocimiento de los médicos, economistas, científicos y políticos con el ciudadano, cabiéndole un rol social legitimado en la transmisión del saber cotidiano y como traductor del saber de los especialistas para todo el público. Ahora bien, en principio la corriente del “nuevo periodismo” ha puesto en crisis la distinción entre ficción y realidad. Los periodistas desarrollan, en muchos casos, hechos en los que no estuvieron presentes y los relatan como si hubiesen asistido a ellos. Este fenómeno genuinamente norteamericano tiene sus comienzos en la década del 70 donde, en la estructura narrativa, lo anecdótico se convierte en lo real y los pequeños hechos dan su lugar a los grandes acontecimientos. En lo cotidiano, la imaginación comienza a tener importancia periodística y la realidad se confunde con la ficción. Es curioso observar en las redacciones como se da el cuestionamiento entre los periodistas sobre su propio trabajo y la posible falta de objetividad en el mismo. Ante esta situación los periodistas establecen una serie de estrategias para sostener la objetividad de su narración, la posible censura y la crítica de sus jefes. El uso de comillas, muchas veces, pone el texto en boca de otro para afirmar hipótesis personales. Se presentan en primer lugar los hechos esenciales y luego los comentarios. La “objetividad” es utilizada como ritual estratégico para la defensa reforzando la convicción de que los “hechos hablan por sí mismo” introduciendo la opinión del periodista haciéndole creer al público que el análisis de la noticia es importante y definitorio. La objetividad sería distinguir y separar la noticia del comentario, recordemos que en el modelo de periodismo liberal-burgués “los hechos son sagrados; el comentario es libre”. La objetividad promueve la descripción de los principales hechos desconectados de las relaciones de clase en que se dan. Según Gouldner “El objetivismo es un discurso que carece de carácter reflexivo; enfoca unilateralmente el “objeto”, pero oculta al “sujeto” hablante para quien es un objeto; así el objetivismo ignora el modo en que el objeto mencionado depende, en parte, del lenguaje en que es mencionado y varía de carácter según el lenguaje o la teoría usados”. Debemos recordar que no sólo el observador modifica con su mirada lo observado, sino que también la mirada del observador es modificada por el fenómeno observado. Para Umberto Eco la producción del hecho-noticia es un problema que ha madurado en los últimos tiempos, y ha cambiado la ideología del periodismo y de la noticia. Nos encontramos ante la producción de mensajes por medio de mensajes. “Con el nacimiento de los grandes circuitos de información, gesto simbólico y transmisión de la noticia se han convertido en hermanos gemelos: la industria de la noticia necesita gestos excepcionales y los publica, y los productores de gestos excepcionales tienen la necesidad de la industria de la noticia para dar sentido a su acción”. La mente humana no funciona como una máquina de calcular infalible y fría. Responde a impulsos variados: el deber, la devoción, la codicia, los rencores, las pasiones dogmáticas y los caprichos triviales, la vanidad desabrida, retazos de locura y el azar que componen una sinfonía discordante. Los odios y las ambiciones se entrelazan con las virtudes y los ideales, hasta en los mismos actores, han hecho rodar gobiernos como revoluciones, tanto unos como otros. “La objetividad –afirma Becheloni- es un concepto ideal-típico, como tal no existe, pero su presencia es conocible: una tensión permanente hacia la verdad”. Según Eco la solución transitoria la problemática de la objetividad es “saber construir por la información un continuo discurso crítico sobre la propia modalidad, reflexión sobre las condiciones ficticias y reales de la objetividad, análisis de la noticia en cuanto tal, reconocimiento explícitos de los casos en que la noticia proviene de hechos y en aquellos en que ésta habla de otras noticias” Entonces, como señalan algunos autores “la objetividad, en su versión liberal-burguesa, es un mito, una mentira subjetiva trasvertida y los medios informativos son el lugar donde las sociedades industriales producen nuestra verdad”.
2010-07-15
Ecuador: Ley de comunicación: equívocos y omisiones
*Alberto Maldonado S. Para comenzar, no está en debate ni se discute una “ley de medios” sino una Ley de Comunicación La comunicación social está concebida constitucionalmente como un derecho universal, de todos; además, hay varias formas de comunicación. Una de ellas es la que se desarrolla a través de los medios de comunicación masiva. Pero lo medios, especialmente sipianos (de la SIP-CIA) se empeñan en “equivocarse” y pretenden que lo que se discute y aprueba en la Comisión Ocasional y que pasará a consideración del pleno de la Asamblea Nacional, es un proyecto de “Ley de Medios”. Con lo cual pretenden que es un intento de “ley mordaza” que solo está dedicado a ellos. Los medios son eso, MEDIOS, formas, maneras que la humanidad ha encontrado y las técnicas han desarrollado para permitir que unos emisores puedan enviar mensajes a unos perceptores, para hablar en términos del funcionalismo. Y los primeros teóricos de la comunicación, preocupados por el monopolio que podía desarrollarse (y que se ha desarrollado) se inventaron la llamada “comunicación de retorno” mediante “cartas a la redacción” o llamadas telefónicas a radios y estaciones de televisión. Pronto, los medios masivos encontraron la forma de “neutralizar” esta comunicación de retorno, que en la práctica es casi inexistente en los medios audiovisuales (sobre todo en la televisión) y que está muy controlado en los medios impresos (diarios) Otra disposición que debería constar en la ley es la necesidad de que todo medio comunicacional se identifique respecto de su dependencia patrimonial a determinado sector (político, económico, religioso, societario, etc.) y de sus auspiciantes publicitarios o propagandísticos Esto es sumamente importante a fin de que el perceptor (lector, escucha, vidente) pueda comprender con acierto las tendencias de una información, de una opinión o de un mensaje interpretativo, que difunde un medio. O lo que no difunde. Tomemos el caso de la hojita dominical que se reparte los domingos en una iglesia. Todos sus contenidos –se espera- estarán conformes con los puntos de vista y dogmas de la iglesia católica. Nadie podrá esperar un mensaje favorable al marxismo, al divorcio o cosas por el estilo. Pero los medios del sistema (periódicos, revistas, radios y estaciones de televisión) pretenden pasar “por imparciales” por “neutrales”, por “objetivos y veraces” cuando en realidad son el reflejo y la vanguardia del sistema imperante: el neoliberalismo. ¿Les da vergüenza confesarlo?; yo no creo ya que, por los contenidos de sus mensajes (editoriales, artículos de opinión, entrevistas, crónicas) se identifican como tales. Sería mucho más honesto que lo digan de frente, en cada edición (algunos lo hacen) De seguro, habrá medios sipianos que prefieran seguir calificándose de “independientes”. Para esos casos, la ley debe prever algunas responsabilidades. Ser amplios y suficientes, dar cabida a todos los sectores políticos, sociales, tener entre sus colaboradores permanentes a personas que opinen de distinta manera y que los respeten a ellos y a sus espacios. En esos y otros casos, quedaría muy bien la cláusula de conciencia, que la mayoría antisipiana de la Comisión ya lo ha aprobado. ¿Por qué razón no se prohíbe, por lo menos a los medios que se declaren “independientes, pluralistas” que tengan sus listas de censurados de quienes solo se acuerdan cuando hay alguna acusación en su contra o hayan cometido alguna indiscreción? ¿Por qué ellos si tienen derecho a censurar y marginar y protestan cuando desde las esferas oficiales se “les margina”, por ejemplo, del reparto publicitario? Los asambleistas de la Comisión y sus asesores comunicacionales no han dicho nada (o muy poco) respecto de la propaganda y publicidad. Si ya lo han hecho, me disculpo y les apoyo. Es que en la sociedad en que vivimos, la publicidad está jugando papel importantísimo. Y a través de ella, se mete lo que los abuelos decían “gato por liebre” Debo recordar que muchos países del primero, segundo, tercero y cuarto mundos, tienen reglamentaciones fuertes sobre este tema ya que se trata de amparar al público perceptor de un posible engaño. En otras partes es posible establecer demandas contra publicistas y medios por respetables sumas de dinero, como indemnizaciones En Ecuador, desde hace años se pretende controlar la publicidad de cigarrillos y licores, a pesar de que, algunos medios, especialmente pequeños, se remiendan con publicidad de este tipo. En cambio, no pocas competencias deportivas eran (están) auspiciadas por marcas de cigarrillos. En otros tiempos, los magros sueldos de los profesores fiscales se financiaban con la venta de aguardientes, que el Estado vendía a través de los estancos. Y como demostración del poder que ejerce una publicidad sobre los contenidos de un medio, siempre cuento “este cuento”: en la otrora famosa autopista de Yaguarcocha, (muy cerca de Ibarra) se realizaba una competencia automovilística que se denominaba “Las 24 horas Yaguarcocha” hasta que se convirtieron en “las 24 horas Malboro” ya que esta marca de cigarrillos “financiaba” la competencia. Un año, se produjo una tragedia (un bólido arrolló a unos aficionados; mató a unos e hirió a otros); y desde entonces, nuestros ágiles compañeritos deportivos, comenzaron a hablar de “la tragedia de Yaguarcocha”. De lo que he leído y oído, una de las objeciones sipianas al proyecto es el de que se pretenda crear un Consejo de la Comunicación (no de los medios) que administre o por lo menos le ponga en orden a este poder que, sin elecciones ni democracia, se cree de procedencia divina. La objeción es a que en este Consejo haya uno o dos vocales del Ejecutivo, como que el Ejecutivo en el Ecuador es extraterrestre y no tiene nada que ver con el sector que se quiere moderar. Al margen de las alegaciones y contra alegaciones que se han dado, yo pienso que si se le da esta atribución al hasta ahora inoficioso Consejo de Poder Ciudadano, sería lo pertinente. Ya le dieron la capacidad de pedirle, a los medios, cuentas, ¿por qué no darle las atribuciones que se prevén, a este sector? Desde luego, yo soy de la convicción que en materia comunicacional, este Consejo podría llegar máximo a sanciones administrativas (multas, en especial); jamás a clausuras de medios, ni temporales peor definitivas. Este tipo de sanciones solo deberían quedar en manos de los jueces correspondientes pero previo informe del Consejo o por situaciones de conmoción nacional. Me volvió el alma al cuerpo cuando leí que en el proyecto a discutirse consta el derecho que tenemos los periodistas profesionales (desde 1975 - Ley de Ejercicio Profesional del Periodista) a seguir preparándonos a nivel universitario para poder llamarnos tales. La Asamblea hará muy bien si aprueba esa disposición y recomienda que, a futuro, la Ley (que ya tiene 34 años de vieja) es acatada y cumplida por los medios; y, actualizada y fortalecida por la propia Asamblea Claro que hay quienes suponen o siguen creyendo que el periodista se forma por la libre, o por simple afición, o porque ejerce otra profesión y cree que puede ser periodista, sin más, igual que se formaron en pasados ya lejanos los abogados, los médicos, los ingenieros. Precisamente, por los años 60-70 periodistas activos (ninguno de los cuales se había formado como tales en universidades) lograron que una Dictadura pusiera el ejecútese a la referida Ley a pesar de la arremetida que los empresarios de los medios desataron contra el proyecto. La Ley entró en vigencia pero los empresarios mediáticos olímpicamente no la han acatado, lo que no quiere decir que, por ello, no tiene valor actual. Hoy más que nunca, la formación de los periodistas debe ser de nivel académico Y por algo será que el sector privado ha creado y crea, en universidades particulares, escuelas y facultades de comunicación También pienso que la Ley no debe trabarse en el problema del espectro radioeléctrico y las frecuencias de radio y televisión. Eso debe dejarse a una Ley de Radiodifusión y Televisión muy puntual y muy actualizada que recoja y legisle sobre una materia que en estos tiempos es muy importante en el mundo entero, especialmente con la aparición y el desarrollo de lo que popularmente se conoce como el Internet. Igual, la Asamblea debe actualizar esa ley y ponerla no solo en presente sino en futuro ya que abarca temas y problemas de una dimensión increíble. Y dejar que por ley se enrumbe la aspiración (muy legítima por cierto) de redistribuir el espectro radio eléctrico entre comunicación privada, pública y comunitaria. Lo procedente sería que el organismo correspondiente le siga los juicios civiles y penales a los que han comercializado y se han beneficiado de este recurso del Estado. Fuente: ALAI, 25.6.10 por Alberto Maldonado S. es Periodista – Ecuador ¿Existe la objetividad periodística? Ernesto Martinchuk * La función del periodista se basa, en principio, en la selección de acontecimientos que se consideren periodísticamente importantes. A partir de este punto se considera que la objetividad no sólo depende del objeto y del sujeto, sino también del proceso de producción del conocimiento. El periodista es el enlace del conocimiento de los médicos, economistas, científicos y políticos con el ciudadano, cabiéndole un rol social legitimado en la transmisión del saber cotidiano y como traductor del saber de los especialistas para todo el público. Ahora bien, en principio la corriente del “nuevo periodismo” ha puesto en crisis la distinción entre ficción y realidad. Los periodistas desarrollan, en muchos casos, hechos en los que no estuvieron presentes y los relatan como si hubiesen asistido a ellos. Este fenómeno genuinamente norteamericano tiene sus comienzos en la década del 70 donde, en la estructura narrativa, lo anecdótico se convierte en lo real y los pequeños hechos dan su lugar a los grandes acontecimientos. En lo cotidiano, la imaginación comienza a tener importancia periodística y la realidad se confunde con la ficción. Es curioso observar en las redacciones como se da el cuestionamiento entre los periodistas sobre su propio trabajo y la posible falta de objetividad en el mismo. Ante esta situación los periodistas establecen una serie de estrategias para sostener la objetividad de su narración, la posible censura y la crítica de sus jefes. El uso de comillas, muchas veces, pone el texto en boca de otro para afirmar hipótesis personales. Se presentan en primer lugar los hechos esenciales y luego los comentarios. La “objetividad” es utilizada como ritual estratégico para la defensa reforzando la convicción de que los “hechos hablan por sí mismo” introduciendo la opinión del periodista haciéndole creer al público que el análisis de la noticia es importante y definitorio. La objetividad sería distinguir y separar la noticia del comentario, recordemos que en el modelo de periodismo liberal-burgués “los hechos son sagrados; el comentario es libre”. La objetividad promueve la descripción de los principales hechos desconectados de las relaciones de clase en que se dan. Según Gouldner “El objetivismo es un discurso que carece de carácter reflexivo; enfoca unilateralmente el “objeto”, pero oculta al “sujeto” hablante para quien es un objeto; así el objetivismo ignora el modo en que el objeto mencionado depende, en parte, del lenguaje en que es mencionado y varía de carácter según el lenguaje o la teoría usados”. Debemos recordar que no sólo el observador modifica con su mirada lo observado, sino que también la mirada del observador es modificada por el fenómeno observado. Para Umberto Eco la producción del hecho-noticia es un problema que ha madurado en los últimos tiempos, y ha cambiado la ideología del periodismo y de la noticia. Nos encontramos ante la producción de mensajes por medio de mensajes. “Con el nacimiento de los grandes circuitos de información, gesto simbólico y transmisión de la noticia se han convertido en hermanos gemelos: la industria de la noticia necesita gestos excepcionales y los publica, y los productores de gestos excepcionales tienen la necesidad de la industria de la noticia para dar sentido a su acción”. La mente humana no funciona como una máquina de calcular infalible y fría. Responde a impulsos variados: el deber, la devoción, la codicia, los rencores, las pasiones dogmáticas y los caprichos triviales, la vanidad desabrida, retazos de locura y el azar que componen una sinfonía discordante. Los odios y las ambiciones se entrelazan con las virtudes y los ideales, hasta en los mismos actores, han hecho rodar gobiernos como revoluciones, tanto unos como otros. “La objetividad –afirma Becheloni- es un concepto ideal-típico, como tal no existe, pero su presencia es conocible: una tensión permanente hacia la verdad”. Según Eco la solución transitoria la problemática de la objetividad es “saber construir por la información un continuo discurso crítico sobre la propia modalidad, reflexión sobre las condiciones ficticias y reales de la objetividad, análisis de la noticia en cuanto tal, reconocimiento explícitos de los casos en que la noticia proviene de hechos y en aquellos en que ésta habla de otras noticias” Entonces, como señalan algunos autores “la objetividad, en su versión liberal-burguesa, es un mito, una mentira subjetiva trasvertida y los medios informativos son el lugar donde las sociedades industriales producen nuestra verdad”.
2010-07-15
Hacer memoria
Las perspectivas de pluralidad, diversificación y efectiva libertad de expresión que propone la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual reclaman que volvamos a atesorar el aporte que ha significado la llamada comunicación popular o comunicación alternativa en América latina, que comenzó por poner de manifiesto que la concentración de la comunicación en los medios masivos no era la única vía para hacer comunicación. ¿Cuál es el principal objetivo de la comunicación alternativa? Procura centrarse en una función dialógica y participativa, promoviendo la reflexión de la gente sobre su propia realidad; capacitándola para expresarse a través de los medios; proveyendo adecuado acceso a la información. Insiste en el carácter social de la propiedad de los medios. Pone su acento en la recuperación crítica del saber y la cultura popular; en reconocer que el pueblo tiene voz, que hay que escucharlo y reconocer al pueblo como sujeto y protagonista de su propia comunicación. La comunicación alternativa surge en la década del 1950 y se desarrolla entre los ’60 y los ’80 como un cuestionamiento a los modos tradicionales de hacer comunicación, y con el objetivo de que la comunicación esté al servicio de un proyecto popular. Un buen ejemplo son las radios mineras de Bolivia, que se desarrollan a partir de 1952, en medio de una profunda transformación social y económica en aquel país. Las radios son financiadas por la contribución que, de sus magros salarios, hacen los mismos mineros afiliados a sus sindicatos. En poco menos de diez años logran establecer 27 emisoras que se destacan por ser de autogestión, pluralistas y, sobre todo, de carácter participativo, dando oportunidad para que la gente sea protagonista de su propia comunicación. También se podría mencionar otra experiencia boliviana, “la radio campesina de la madrugada”, que, a iniciativa de agricultores aymaras, logró espacios en radios comerciales a horas muy tempranas para emitir en su idioma y divulgar su música. Estas propuestas y cuestionamientos generaron una dinámica de trabajo que acompañó a muchos de los movimientos sociales que, muy pronto, encontraron su estrecha relación con las propuestas por una educación popular. La participación y la capacitación de los grupos populares se multiplicaron. En esta línea, dos ejemplos merecen mencionarse. Por un lado, el uso del video en Brasil, con la creación de la Asociación para el uso del video por las Organizaciones Populares y, en Chile y Perú, la capacitación del campesinado. Se han constituido redes que lograron abarcar prácticamente todo el continente, que comparten sus trabajos y están cooperando para una mayor y mejor utilización de un medio que ha llegado a ser altamente popular. Por otro lado, la prensa alternativa, cuyo más claro ejemplo proviene del Brasil, de los tiempos de su muy prolongada dictadura militar. La llamada “prensa nanica” (enana) por sus pequeños formatos y modestas tiradas, brindó a la gente la oportunidad de comunicar lo que el medio comercial no le permitía. La premisa que sostenían estas actividades no se reducía a cuestionar el sistema tradicional, sino que pretendía suplantarlo. Este fue, quizá, su talón de Aquiles. La comunicación alternativa, en muchas partes, comenzó por despreciar la comunicación masiva y las nuevas tecnologías. Se refugió en el manejo artesanal de la comunicación; privilegió la acción en contra de la reflexión; sobredimensionó los propios límites de sus mensajes; tendió a la atomización, el aislamiento y a la falta de coordinación de sus experiencias de comunicación. A partir de la década del 1980 surge una corriente renovadora que entiende que la comunicación debe comenzar a comprenderse a partir de su práctica y no de su teoría, y que esa práctica es mucho más amplia que el mundo de los medios masivos. Seguramente ha llegado la hora de aprender de todas estas lecciones del pasado. Aquí las preocupaciones globales se encuentran con las propuestas comunitarias. Ambas han compartido un tramo especial de la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, la comunicación tiene que ser esa palabra crítica que reclama justicia y quiere producir cambios en la vida personal y social. Por eso es importante que, a partir de esta nueva ley, un abanico amplio de asociaciones se involucre en el mundo de las comunicaciones, para trabajar por una comunicación que promueva una vida nueva y solidaria, en el diálogo, el respeto por el otro, la construcción de la comunidad, y rechace toda injusticia que impida a la gente expresarse por ella misma, reaccionar y protestar, soñar y compartir sueños, fortalecer su dignidad y acentuar su participación en la vida de la sociedad.
2010-07-14
Hacer memoria
Las perspectivas de pluralidad, diversificación y efectiva libertad de expresión que propone la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual reclaman que volvamos a atesorar el aporte que ha significado la llamada comunicación popular o comunicación alternativa en América latina, que comenzó por poner de manifiesto que la concentración de la comunicación en los medios masivos no era la única vía para hacer comunicación. ¿Cuál es el principal objetivo de la comunicación alternativa? Procura centrarse en una función dialógica y participativa, promoviendo la reflexión de la gente sobre su propia realidad; capacitándola para expresarse a través de los medios; proveyendo adecuado acceso a la información. Insiste en el carácter social de la propiedad de los medios. Pone su acento en la recuperación crítica del saber y la cultura popular; en reconocer que el pueblo tiene voz, que hay que escucharlo y reconocer al pueblo como sujeto y protagonista de su propia comunicación. La comunicación alternativa surge en la década del 1950 y se desarrolla entre los ’60 y los ’80 como un cuestionamiento a los modos tradicionales de hacer comunicación, y con el objetivo de que la comunicación esté al servicio de un proyecto popular. Un buen ejemplo son las radios mineras de Bolivia, que se desarrollan a partir de 1952, en medio de una profunda transformación social y económica en aquel país. Las radios son financiadas por la contribución que, de sus magros salarios, hacen los mismos mineros afiliados a sus sindicatos. En poco menos de diez años logran establecer 27 emisoras que se destacan por ser de autogestión, pluralistas y, sobre todo, de carácter participativo, dando oportunidad para que la gente sea protagonista de su propia comunicación. También se podría mencionar otra experiencia boliviana, “la radio campesina de la madrugada”, que, a iniciativa de agricultores aymaras, logró espacios en radios comerciales a horas muy tempranas para emitir en su idioma y divulgar su música. Estas propuestas y cuestionamientos generaron una dinámica de trabajo que acompañó a muchos de los movimientos sociales que, muy pronto, encontraron su estrecha relación con las propuestas por una educación popular. La participación y la capacitación de los grupos populares se multiplicaron. En esta línea, dos ejemplos merecen mencionarse. Por un lado, el uso del video en Brasil, con la creación de la Asociación para el uso del video por las Organizaciones Populares y, en Chile y Perú, la capacitación del campesinado. Se han constituido redes que lograron abarcar prácticamente todo el continente, que comparten sus trabajos y están cooperando para una mayor y mejor utilización de un medio que ha llegado a ser altamente popular. Por otro lado, la prensa alternativa, cuyo más claro ejemplo proviene del Brasil, de los tiempos de su muy prolongada dictadura militar. La llamada “prensa nanica” (enana) por sus pequeños formatos y modestas tiradas, brindó a la gente la oportunidad de comunicar lo que el medio comercial no le permitía. La premisa que sostenían estas actividades no se reducía a cuestionar el sistema tradicional, sino que pretendía suplantarlo. Este fue, quizá, su talón de Aquiles. La comunicación alternativa, en muchas partes, comenzó por despreciar la comunicación masiva y las nuevas tecnologías. Se refugió en el manejo artesanal de la comunicación; privilegió la acción en contra de la reflexión; sobredimensionó los propios límites de sus mensajes; tendió a la atomización, el aislamiento y a la falta de coordinación de sus experiencias de comunicación. A partir de la década del 1980 surge una corriente renovadora que entiende que la comunicación debe comenzar a comprenderse a partir de su práctica y no de su teoría, y que esa práctica es mucho más amplia que el mundo de los medios masivos. Seguramente ha llegado la hora de aprender de todas estas lecciones del pasado. Aquí las preocupaciones globales se encuentran con las propuestas comunitarias. Ambas han compartido un tramo especial de la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, la comunicación tiene que ser esa palabra crítica que reclama justicia y quiere producir cambios en la vida personal y social. Por eso es importante que, a partir de esta nueva ley, un abanico amplio de asociaciones se involucre en el mundo de las comunicaciones, para trabajar por una comunicación que promueva una vida nueva y solidaria, en el diálogo, el respeto por el otro, la construcción de la comunidad, y rechace toda injusticia que impida a la gente expresarse por ella misma, reaccionar y protestar, soñar y compartir sueños, fortalecer su dignidad y acentuar su participación en la vida de la sociedad.
2010-07-14
Los ciudadanos periodistas
Por Washington Uranga* La conmemoración del Día del Periodista puede resultar una buena oportunidad para hacer una pausa y reflexionar sobre la profesión, pero sobre todo, acerca de lo que esta labor significa en el escenario de la Argentina actual. Para ello será necesario entender que el periodista no es sino un eslabón -importante, pero sólo un eslabón- de una cadena de actividad humana entendida como la comunicación. La comunicación -el proceso de comunicación, para ser más preciso- es una práctica social cooperativa de la que participan empresas, ciudadanos, dirigentes, líderes económicos, sociales y políticos y, también, los periodistas. Si alguno de estos actores falta, falla la comunicación. Es cierto que, de la misma manera que los maestros y docentes son vitales para la educación, los periodistas lo son para la comunicación. Pero su importancia estratégica vale, en todo caso, para medir su responsabilidad y, en ningún caso, para arrogarse derechos por encima de los restantes actores del sistema. Los periodistas, aunque nos cueste admitirlo, nos equivocamos mucho y frecuentemente. Sirva lo anterior para sostener, tal como lo afirmó el prestigioso periodista colombiano Javier Darío Restrepo en una conferencia recientemente dictada en Bolivia, que el profesional de la comunicación tiene que "estar dispuesto a examinar las certezas de uno frente a las certezas del otro", partiendo de la seguridad de que "nadie tiene la verdad completa y nadie está en el error completo". Para tener en cuenta en la Argentina de hoy. Tan importantes como los periodistas lo son las empresas. Cada quien con intereses y funciones diferentes. Los periodistas son asalariados a los que se les paga por su trabajo, por un servicio que brindan a ese proceso cooperativo de la comunicación en el cual la ciudadanía sigue siendo el actor preponderante. También por encima de las empresas. Se puede decir que los periodistas venden su trabajo. Nunca que las empresas compran las opiniones o las ideas de los profesionales de los medios. Porque, como bien lo señala el código internacional de ética periodística (París, 1983), "la información se comprende como un bien social, y no como un simple producto", y esto significa que el periodista es "responsable no sólo frente a los que dominan los medios, sino, en último énfasis, frente al gran público, tomando en cuenta la diversidad de los intereses sociales". Se puede pensar también la actividad periodística desde los fines. ¿Cuál es el bien que el periodismo aporta a la sociedad? La información es un bien social que sirve de insumo para el discernimiento de los individuos y de los colectivos sociales. Es diferente de un producto. Un producto se ofrece, es una mercadería sujeta a la oferta y la demanda. Un bien social no puede estar sometido solamente a estas reglas, sino que requiere de regulaciones y de consensos porque afecta de manera directa al funcionamiento de la sociedad. Por esta razón, sostiene la filósofa española Adela Cortina, la "meta" del periodismo sería "generar una opinión pública madura, de modo que haya ciudadanos y no vasallos, pueblo y no masa" (Cortina, Adela, "Etica de los medios y construcción ciudadana"; en Oclacc-UTPL, Comunicación, ciudadanía y valores, Quito, 2008, pág. 21). La tarea periodística hoy más que nunca tiene que situarse y entenderse en términos sociales. Algo que resulta sumamente difícil dada la mediatización de las relaciones sociales, el atravesamiento del poder en el escenario mediático y la hipermercantilización del negocio de la comunicación. Atendiendo a lo dicho al comienzo respecto de la comunicación como una actividad cooperativa en la que intervienen distintos actores, también es cierto que el periodista termina siendo el eslabón más frágil, más débil, de esa cadena. Las pruebas están a la vista. Pero ello no exime de responsabilidades. "El periodista tiene que ser un constructor de ciudadanía" dice Javier Darío Restrepo. Construir ciudadanía es aportar a la generación de opinión pública y hacerlo es trabajar, con honestidad y veracidad ciudadana, en la facilitación del diálogo entre actores diferentes y diversos, en el escenario público de la comunicación. En medio de presiones, tensiones e intereses, que aumentan el desafío pero no disminuyen la responsabilidad. Son apenas algunas ideas para pensar. Sin ninguna pretensión de verdad. Pero sí como un intento de aportar a la reflexión sobre esta profesión que necesita (necesitamos) mirarse (mirarnos) autocríticamente. También y fundamentalmente porque somos... ciudadanos periodistas. *periodista uruguayo
2010-06-07
La disputa por la agenda
Por Roberto Samar * Los medios masivos de comunicación nos realizan un recorte de la realidad. Nos dicen qué es noticia y qué no. Es decir, nos informan de qué es lo que pasa y que es lo qué no pasa hoy. Por lo cual, nos plantean sobre qué tenemos que discutir y reflexionar. En la tapa de los diarios, en el panorama informativo de la radio o en los títulos del día de los noticieros, los medios nos instalan una agenda informativa. A esta capacidad de los medios de decirnos qué discutir se la denomina "agenda setting". Según Donald L. Shaw, como consecuencia de la acción de los periódicos, de la televisión y de los demás medios de información, el público es consciente o ignora, presta atención o descuida, enfatiza o pasa por alto, elementos específicos de la "realidad". La gente tiende a incluir o a excluir de sus propios conocimientos lo que los medios masivos de comunicación incluyen o excluyen de su propio contenido. El 24 de marzo se cumplieron 34 años del golpe de Estado. Por lo cual se organizaron marchas que fueron multitudinarias en todo el país. Sin embargo, la tapa de Clarín del día hacía referencia a la oferta a los bonistas, la gripe A y a un partido de Estudiantes. ¿Por qué Clarín evitó titular sobre el aniversario de la dictadura? ¿Por qué buscaba que ese día discutiéramos sobre estudiantes y los bonistas, si la masividad de las múltiples marchas mostraba el interés de la mayoría del pueblo? Probablemente, en el marco del proceso judicial para determinar la identidad de los hijos adoptivos de la dueña del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble, sumado a la confrontación del grupo con el Gobierno, no era funcional una marcha multitudinaria de la temática de los derechos humanos. En ese sentido, si el hecho no es noticia, no es considerado importante, la gente tenderá a no preocuparse por el tema del aniversario del golpe de Estado. Más allá de las políticas comunicacionales específicas del Grupo Clarín, la concentración de los medios masivos de comunicación genera la existencia de un grupo hegemónico que intenta instalar una agenda de discusión que responde a sus intereses. Si existe una pluralidad de medios, existirán múltiples agendas de discusión y tendremos muchas miradas de la realidad coexistiendo. Por suerte la comunicación no es lineal y la última palabra de la agenda de discusión la tiene el pueblo. La marcha del 24 de marzo fue multitudinaria, se reafirmó el repudio al genocidio y se respaldó el derecho a la identidad. * Licenciado en Comunicación Social. Docente UNLZ.
2010-05-12
Ciudadanía y medios: identidades (frag)mentadas
Por Alejandro Aymú * El debate sobre una ley de servicios de comunicación audiovisual visibilizó a nuevos sujetos que hasta hoy siguen bajo las sombras de las grandes corporaciones mediáticas y sus negocios. Su aparición en el debate les otorga una legitimación que incomoda al "establishment" mediático, que les asigna un lugar marginal y estigmatizante. Ingresamos al siglo XXI con un estallido social que los medios masivos reflejaron en sus programaciones, mediatizando un fuerte reclamo popular a la clase política bajo el lema "que se vayan todos". En este escenario de rupturas los medios de comunicación eran testigos de la urgencia popular. Frente a esas fragmentaciones sociales y simbólicas comenzó a hacerse más evidente que hacía falta un replanteo de un sistema que políticamente se estrellaba contra el suelo. Hoy vemos que el que se estrella es el sistema financiero y que arrastra al político a tomar una postura clara frente a los representados. Las corporaciones financieras que operan en vastos sectores de la economía, conformando grupos económicos que manejan más de un rubro en la producción pero que responden a una misma sociedad también tienen sus aparatos mediáticos que actúan como poder. Frente a esa fragmentación social el discurso único de los medios masivos se observa fortalecido. Es un espacio de poder que los medios de comunicación no disputan sino que utilizan con una intencionalidad política clara, llenar los espacios que deja libre esa sociedad fragmentada. La ausencia de objetivos que nos mancomunen, la impronta individualista que se interpuso, junto con un modelo de desarrollo "poco sustentable", por sobre un modelo colectivo e inclusivo son las claras evidencias de este proceso. Sobre esta fragmentación: social, política, económica y cultural, los medios masivos de comunicación se homogeneizan en su discurso. La instalación en la agenda de los asuntos económicos siempre es más urgente que cuestiones vinculadas a la educación, la cultura o la recreación, entre otros temas que hacen a la construcción identitaria y colectiva del pueblo. En este juego perverso de política y medios se simplifica el discurso y el debate sobre cuáles son las demandas sociales que necesitamos sean atendidas. Responsabilidad social de los medios de comunicación es el compromiso que tienen al momento de emitir información veraz cuyos contenidos no afecten los derechos de las personas a las cuales se alude y sobre el rol de servicio social que tienen de cara a la ciudadanía. El impacto social y la fuerza política de un medio de comunicación corre con amplia ventaja respecto de la que pueda tener el ciudadano medio, por lo que, a este "aparato mediático" le corresponde un compromiso ético y social que debería superar los intereses individuales. En términos de "responsabilidad social" sobre los medios, se sostiene la función de tener que informar. El modo de titular una nota, el abordaje de la información, la estructura narrativa o la editorialización del acontecimiento político son herramientas que instituyen al medio frente a los ciudadanos y que estos legitiman. Ese vínculo, que por momentos parece tan estrecho, entre medios y ciudadanía se fortalece con el juego de complicidad y legitimaciones "ingenuas". En esta línea es atendible observar el rol de los comunicadores en la medida en que su trabajo carga sobre la responsabilidad de informar sobre un hecho político, económico, social o cultural, requiere de rigor profesional y responsabilidad ciudadana en tanto su producción es parte del proceso político que su crónica o editorial destaca. El espacio mediático es un espacio de lucha simbólica por el poder. Hay actores sociales que intervienen en ese espacio forjando un "sentido común" sustentado en valores interpretativos e interpelativos que formarán la opinión de un amplio sector social que lo legitimará en sus complicidades. El rol de los medios es parte de un debate que nos debíamos. Mientras los más corporativos intentan disimularlo, la ciudadanía es parte y testigo del replanteo y los alcances de estas nuevas voces en el campo comunicacional, que vienen a formar parte de un nuevo desafío que implica la consolidación de la democracia. La apuesta es un desafío de toda la ciudadanía para comenzar a disputar, también simbólicamente, el poder y que su práctica sirva para ir más allá de una reglamentación y que la comunicación sea un ejercicio de hecho y de derecho. * Periodista e investigador del Centro Cultural de la Cooperación.
2010-05-12
EL PERIODISMO EN YACUIBA
Por Manuel Epifanio Ortiz Garzon Los chaqueños se adecuaron a todas las circunstancias y supieron actualizarse de acuerdo a los avances tecnológicos especialmente en comunicación social. (1) ya en 1932 existía en Yacuiba una imprenta un esfuerzo personal del empresario Salvador Figueroa lo que entusiasmó a los profesionales de esa época como el Dr. Enrique salinas que logró imprimir el primer semanario en diciembre de ese año con el nombre de "libertad" que sufrió, paradójicamente, el primer atentado a la libre expresión pues el presidente Bautista Saavedra envió tropas a destruir la imprenta para evitar la difusión de artículos en su contra. Paso mucho tiempo y fue con el auge del ferrocarril que el 10 de diciembre de 1949 apareció el semanario "la voz del chaco" dirigido por el Dr. Eitel Ávila del Carpio que entusiasmó a un grupo de escritores de la época como Julio Ponce Lozada, Carlos Unzueta Velazco, Humberto Rios Zambrana, Juan Jose Kadima, Jorge Pommier Prado, Edmundo Cardenas, Humberto Blanco Tardio y Nicolas Ramallo. A este grupo dinámico de periodistas, en mayo de 1954, se une el contador pascual Dante Di Pascuale que dirigió "Gaceta Deportiva" en el que cooperaba Rogelio Villarroel. Posteriormente Juan Coímbra dirigió el periódico "surco", Pedro Contreras lo hizo con el órgano informativo de los ferroviarios "rieles del sudeste", Alejandro Hurtado con "el ferroviario", Tito Rider publico "el picaflor" que se imprimía en Tartagal Argentina. Estos datos nos hace añorar épocas gloriosas del inicio real del desarrollo del sudeste del país y el esfuerzo de gente, que con las limitaciones técnicas y la situación de riesgo personal escribieron parte de nuestra historia. Posteriormente llegó el auge de la radiodifusión sistema de comunicación que también contribuyó no solo a la distracción de los habitantes de la zona, sino que logro cobertura nacional e internacional gracias a las frecuencias de onda corta de amplitud modulada. (2) fue el argentino Nicolás Pinikas el pionero, quien junto a Justiniano Gober inician las emisiones de radio "chaco" en 1957. Cooperaron como locutores Ezequiel Rojas y Rigoberto Cantos. Posteriormente Luis Camacho puso en marcha radio "continental", Felix Montalvo radio "Yacuiba" y Rigoberto Cantos se independiza con su radio "progreso". En la década de los años 60 Juan Castillo Ruiz consolida radio "frontera" en am y a fines de los 70 el Dr. Nilo Benjamin Padilla Mendez refunda radio "chaco" ambos se sostienen cubriendo gastos de operación en una época de inestabilidad comercial en la zona pero cumplieron el objetivo de promover al chaco como una zona rica y con legitimas aspiraciónes de desarrollo. El autor de este artículo, contratado en santa cruz, dirigió por varios años radio "chaco" y luego de mantener la corresponsalía de varios periódicos de santa cruz, la paz y Tarija, en agosto de 1982, intenta reactivar la prensa chaqueña editando en salta (argentina) una separata en el periódico "noa" un compendio con notas de la actualidad chaqueña incluyendo editoriales del Prof. Jose Centeno Bilbao La Vieja, poemas del padre Oliverio Pelicelli, Irma Leyton y Elena Tasakis de Palacios. El mes de junio de l983 "La Gaceta Gran Chaco" reflejó las extraordinarias jornadas de lucha del pueblo chaqueño por sus regalías petroleras logrando la resolución 16/83 fijando el 45 % a favor de nuestra provincia. Esa revista la imprimimos en la imprenta del colegio Don Bosco de Santa Cruz. Luego en 1987 circulo en Villamontes y Yacuiba el semanario "gran chaco" otro esfuerzo del autor de esta nota junto a muchas personas que escribían comentarios de la actualidad chaqueña. Es digno reconocer que Ernesto Dolz Guerrero, Guido Montes, Ivan Humeres, Rafael Cavero, Nicanor Abel Velasquez y Juan Carlos Rios aportaron periódicamente con publicaciones en diferentes formatos periodísticos. Ante la cercanía de un campeonato mundial de futbol un grupo entusiasta de ciudadanos amantes del popular deporte iniciaron una colecta para instalar en Yacuiba el primer canal de televisión formándose posteriormente la cooperativa de televisión de Yacuiba (cotelya) emitiendo su señal desde 1985, iniciativa que luego seguirían otros empresarios habilitando canal 9 (telesur), canal 13 (tele sistema integración), y luego otros medios que hoy tienen cobertura incluso nacional reflejando la actualidad chaqueña vía satélite al mundo entero. Al inicio de la década de los años 90 Juan Luis Sotelo Guerrero comienza el ciclo de las radios en frecuencia modulada con radio "soberanía". Actualmente el público tiene para escoger en el dial, existen más de una decena de emisoras con una programación variada y algunas vinculadas a redes nacionales. Pero hasta hace un año teníamos radio, televisión, cable video y esporádicamente algunas publicaciones en revistas, necesitaba el pueblo un material escrito que registre tantos eventos en el gran chaco que ya se consolidaba como una provincia impulsora de profundos cambios en la administración de recursos motivando una serie de manifestaciones cívicas y sociales. Primero fue Wilfredo Guzman con "la voz del chaco" que le puso empeño a las poblaciones en los días festivos de cada pueblo chaqueño pretendiendo editarlo en forma semanal, pero el material lo imprime en santa cruz dificultando sus aspiraciones, manteniéndose su publicación en forma esporádica. Felizmente el Dr. Virginio Lema director de un prestigioso periódico de Tarija, decide invertir en el chaco y luego de una serie de contactos con periodistas locales, empresarios y autoridades pone en circulación el diario "el chaqueño" con la ventaja que cuenta con su propia imprenta e infraestructura que junto a la tecnología vigente se mantiene hasta hoy con una circulación en toda la microrregión chaqueña y algunas ciudades capitales de departamentos. El día del periodista boliviano, nos encuentra con todos los sistemas de comunicación en vigencia, fortalecido con un selecto grupo de trabajadores que cada día se esfuerzan por mejorar para contribuir a la sociedad con un claro reflejo del empuje de una provincia prospera que lideriza en el país un nuevo sistema político y social que constituye un desafío, la autonomía regional. Es también un compromiso de los hombres y mujeres que procuran continuar y superar el esfuerzo de tantos periodistas que aportaron desde el año 1932 a la comunicación en esta provincia, pese a las limitaciones técnicas y económicas de aquella época. Si lo estamos logrando esperamos la retribución y comprensión de las instituciones y autoridades, fundamentalmente respetando nuestra delicada labor que, precisa seguridad, tranquilidad para continuar informando al pueblo que tiene ese derecho.
2010-05-11
Cuando la noticia es la política
Por Emiliano Flores, Federico Vázquez y Emanuel Damoni * Cuando Tancredo Neves decía "Yo me peleo con el Papa, con la Iglesia Católica, con el PMDB, me peleo con todo el mundo; yo sólo no me peleo con el Doctor Roberto", sintetizaba un condicionamiento mediático al poder político que no era exclusivo del Brasil. Tancredo Neves fue el primer presidente electo después de una larga dictadura. El Doctor Roberto era Roberto Marinho, propietario de la Red Globo, consorcio mediático que reúne más de la mitad de la audiencia televisiva del país. La frase de Neves podría completarse con aquella de César Jaroslavsky en los ’80 cuando, haciendo referencia a Clarín, decía: "Hay que cuidarse de ese diario. Ataca como partido político y si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa". El comportamiento de los medios masivos de comunicación como actor político tiene una historia prolongada en la región. En las elecciones de 1989, Lula se presentaba por primera vez como candidato a la presidencia de Brasil, pero el Doctor Roberto tenía las fichas en Fernando Collor de Melo. La televisora Globo decidió jugar fuerte en la campaña. Puso al aire la ficción Salvador de la Patria, donde el personaje principal, Sassá Mutema, de origen humilde, se postula para ser alcalde de su pueblo. Sassá gana las elecciones, pero cuando llega al gobierno se ve involucrado en crímenes y hechos de corrupción. El mensaje era sencillo: Lula podría repetir esa decepción en la vida real. Durante los años ’90 los gobiernos de nuestros países condujeron la privatización y desregulación de los medios masivos. Un pacto de no agresión entre gobiernos y medios estimuló la concentración de éstos en forma inédita. Sin embargo, a medida que las empresas del sector se integraron verticalmente (televisión, radios y diarios bajo un solo dueño), lograron consolidar una "opinión publicada" lo suficientemente fuerte como para desbalancear ese pacto original y condicionar al poder político. Ese esquema fue acentuando sus rasgos extorsivos hasta que la crisis neoliberal de comienzos del 2000 impuso otro escenario en la región. En El nuevo topo, último libro de Emir Sader, el autor plantea que el avance de gestiones no ortodoxas en los gobiernos de América latina encontró una oposición de derecha cuya dirección ideológica e incluso política proviene de los medios de comunicación privados. Durante los dos días que duró el breve golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, RCTV, Globovisión y Venevisión transmitieron dibujos animados mientras en las calles decenas de miles de personas se movilizaban para recuperar el sistema democrático. También allí, en la previa al golpe, se ensayaron recursos como la pantalla dividida para "confrontar" un discurso presidencial con manifestantes opositores exaltados, técnica depurada en nuestro país durante el conflicto agropecuario de 2008. ¿Cuál es la razón profunda que lleva a los medios a jugar este rol? Una respuesta posible es la dificultad creciente de las fuerzas políticas conservadoras para imponer agendas ortodoxas, ante lo cual el lugar de vanguardia ideológica reaccionaria pasa a estar en los poderes mediáticos. Se trata de un fenómeno con diferentes intensidades, pero que se afianzó en toda la región. En Uruguay, las empresas privadas de televisión se negaron a cumplir con la cadena nacional que debía difundir la campaña por la nulidad de la Ley de Caducidad. La iniciativa quedó a sólo 2,03 por ciento de los votos necesarios para ser aprobada. ¿Cuánto habrá influido en ese guarismo la desobediencia mediática? Quien se dé una vuelta por los diarios de América latina por estos días podrá encontrar titulares como estos: "El gobierno de Correa quiere que los medios rindan cuentas", "Evo Morales criticó a la prensa por minimizar la victoria de su partido", "Vázquez se refirió a los medios: sistemáticamente hacen oposición al gobierno", "Lula criticó a los medios: no cubren con buena fe". Los medios concentrados se encuentran hoy con gobiernos democráticos que cuestionan su (oscura) legitimidad de origen, la posición dominante que tienen en el mercado y la intencionalidad política mal recubierta por el gastado barniz de la "independencia". No es una lucha contra la "libertad de prensa" –como los propios afectados señalan–, ni siquiera un cuestionamiento ideológico a la "libertad de empresa". Se trata de algo más sencillo y elemental: la supervivencia de la política como espacio de la sociedad –y no de las corporaciones– desde el cual decidir las cuestiones públicas. La respuesta que los gobiernos de la región, con distintas velocidades, decidieron dar a este enfrentamiento es la intervención en el mercado comunicacional, regulándolo para ampliar el espectro de voces. Y eso es una buena noticia. * Integrantes del Observatorio de Política Latinoamericana Noticias del Sur.
2010-04-28
Medios públicos en Paraguay
Por Washington Uranga "La comunicación pública es el diálogo entre todos los ciudadanos, entre todos los sectores de la sociedad, que busca criterios de convivencia respetando los disensos", afirmó el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, al inaugurar en Asunción el II Foro Nacional de Comunicación, que se realizó entre el 15 y 16 de abril. El encuentro, del que participaron aproximadamente trescientos directivos de medios de comunicación, funcionarios, periodistas, académicos y expertos internacionales, forma parte de la estrategia planteada por el gobierno de Lugo para abrir el debate sobre políticas de comunicación y, en este caso, las discusiones se centraron sobre la necesidad y la forma de la implantación de medios públicos. "La comunicación pública es la manifestación más rotunda del pluralismo en democracia", dijo Lugo, y agregó que "ésa es nuestra filosofía y en ella se asienta la política de comunicación del gobierno". El encuentro se celebró en el mismo momento en que se registra en Paraguay un duro enfrentamiento entre los dueños de los medios privados comerciales, fuertemente críticos con el gobierno, y los funcionarios de la administración de Fernando Lugo. En el Foro, el ministro de Información y Comunicación para el Desarrollo, Augusto Dos Santos, definió la comunicación pública como "una experiencia de corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil, para compartir la comunicación del bien común en sus diferentes formas". El funcionario sostuvo también en la ocasión que "será un paso en la consolidación de la democracia participativa cuando los ciudadanos y las ciudadanas asuman que no son sujetos pasivos, receptores acríticos de mensajes sino cuando se vean como sujetos de derecho de una comunicación que el Estado se ve obligado a proveer con profesionalismo, compromiso y sentido social". El Estado paraguayo ha puesto en marcha un plan por el que se espera poner en funcionamiento un canal público de televisión en un plazo de un año, siete emisoras públicas de radio en todo el país en alianza con universidades nacionales y mejorar los servicios de Radio Nacional del Paraguay. Entre los expertos participantes se contaron Thomas Tufte, de la Universidad de Roskilde, Dinamarca, y el paraguayo Juan Díaz Bordenave, uno de los teóricos más reconocidos en América latina en relación con los temas de comunicación y desarrollo. "Estamos tan acostumbrados a la omnipresencia y la omnipotencia de los medios de comunicación comerciales que para muchos ésta es la única forma de usar la comunicación en la sociedad", dijo Juan Díaz Bordenave. Y agregó que tiene que haber un momento "en que la población participe en las adopciones de políticas públicas y ahí los medios comunitarios pueden ayudar mucho en educar a la población y canalizar su participación en los procesos de toma de decisiones". Señaló también que "en Paraguay no estamos acostumbrados a participar en la formulación de las políticas públicas; somos beneficiarios o víctimas pero no protagonistas de la adopción de políticas públicas". Díaz Bordenave siguió diciendo que "creo que las radios y la televisión públicas y comunitarias son un instrumento indispensable para la democracia participativa", asegurando que "ellas deben tener, de parte de la legislación nacional, el reconocimiento pleno de su función fundamental". Sostuvo además que "no vale la pena hacerles la guerra a las emisoras comerciales porque ellas también cumplen su función; pero no podemos permitir que las emisoras comunitarias sean tratadas como intrusas, de segunda clase, piratas e invasoras. Ellas son las constructoras de nuestro real y genuino futuro democrático. Lo que tenemos que hacer, como sociedad, es capacitarlas, potenciarlas y cuidar de que cumplan cada vez mejor su función social, sin apartarse jamás de su misión y su camino", concluyó. En el marco del Foro, el ministro Dos Santos anunció que el gobierno de Fernando Lugo "se apresta a fundar no sólo el marco teórico de la comunicación pública para legarla al futuro, sino acciones concretas" y que "no importa cuál fuera el signo político que gobierne el Paraguay desde el 2013 (al finalizar el mandato del actual Presidente), en adelante esta sociedad tendrá una televisión pública que destinará amplios espacios a su educación, a mejorar sus técnicas de producción, de mercadeo, su salud, a producir mejor debate cívico y a mejorar las demandas ciudadanas ante sus autoridades". Agregó que "tendrá también mejores y más radios públicas dispuestas al mismo afán constructivo".
2010-04-21